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¿Y qué comemos el resto de diciembre? Menús fáciles para las semanas más caóticas del año

hace 5 horas
4 min de lectura

En diciembre hablamos muchísimo de comida.

Del menú de Nochebuena. De la comida de Navidad. De Nochevieja. De aperitivos bonitos, postres especiales y mesas que parecen necesitar tres días de preparación.

Pero entre una celebración y otra ocurre algo bastante menos fotografiable:

hay que cenar un miércoles.

Y el jueves.

Y preparar la comida del lunes.

Y conseguir que los niños coman algo que no venga envuelto en papel brillante.

Porque diciembre puede estar lleno de comidas especiales, pero la mayoría de sus días siguen siendo días normales. Solo que normalmente tenemos menos tiempo, más cosas pendientes y la cabeza ocupada en otras veinte cosas.

Así que quizá diciembre no sea el mejor mes para complicarnos los menús.

Quizá sea justo el momento de hacerlos más fáciles.

En diciembre, baja el listón de las comidas normales

No todas las comidas tienen que ser diferentes.

No todas necesitan una receta.

Y no pasa absolutamente nada por repetir.

De hecho, tener cinco o seis comidas que sabes que funcionan en casa puede salvarte buena parte del mes.

Pasta con verduras y tomate. Crema y tortilla. Arroz salteado. Legumbres. Una pizza casera rápida. Algo que hayas dejado preparado en el congelador.

Comida normal.

Porque si el sábado vais a hacer galletas de Navidad con los niños y el domingo hay comida familiar, probablemente el martes no necesites demostrarle absolutamente nada a unas lentejas.

Decide primero los días difíciles

En lugar de empezar el menú por el lunes e ir rellenando casillas, mira vuestra semana.

¿Qué día llegáis tarde?

¿Cuándo hay festival del cole?

¿Qué tarde tienes recados?

¿Cuándo sabes que vas a tener menos tiempo para cocinar?

Esos son los primeros días que deberías resolver.

Pon ahí las comidas más fáciles, algo que puedas dejar hecho o una cena que tarde diez minutos.

Después organiza el resto.

Es mucho más útil que descubrir el miércoles a las ocho de la tarde que justo ese día habías planeado cocinar algo que necesita cuarenta minutos.

Cocina una vez, resuelve dos veces

No hace falta dedicar un domingo entero al batch cooking para aprovechar su idea principal.

Si haces crema de verduras, prepara más cantidad.

Si cueces arroz, guarda una parte para otra comida.

Si preparas una salsa de tomate con verduras, haz suficiente para utilizarla con pasta un día y en unas quesadillas o una pizza otro.

Si enciendes el horno para asar verduras, llena la bandeja.

No estás cocinando “para toda la semana”.

Simplemente estás haciendo que tu yo de dentro de dos días tenga un poco menos de trabajo.

Dos recetas fáciles para uno de esos días

Y como decir «haz comidas sencillas» ayuda bastante menos que darte alguna idea, aquí van dos que funcionan muy bien para días normales.

Quesadillas de verduras y queso

Una cena rápida, adaptable y perfecta para aprovechar lo que haya por la nevera.

Necesitas:

  • Tortillas de trigo

  • Queso rallado que funda bien

  • Calabacín

  • Zanahoria

  • Maíz

  • Un poco de aceite de oliva

  • Opcional: aguacate, tomate o yogur natural para acompañar

Cómo hacerlas:

Ralla el calabacín y la zanahoria y saltéalos unos minutos en una sartén con un poquito de aceite.

Pon una tortilla en una sartén limpia, añade queso, una capa fina de verduras y un poco de maíz. Añade algo más de queso y coloca otra tortilla encima.

Cocina a fuego medio hasta que esté dorada, dale la vuelta con cuidado y deja que se dore por el otro lado.

Córtala en triángulos y listo.

Si en casa hay algún pequeño detective capaz de localizar un trozo de calabacín a tres metros, puedes picar o rallar las verduras muy finas. Pero tampoco hace falta esconderlas siempre: que sepan lo que están comiendo también está bien.

Pasta cremosa de calabaza y queso

Tiene textura de salsa cremosa, es suave y puedes preparar la salsa con antelación.

Necesitas:

  • Pasta

  • Calabaza

  • Media cebolla

  • Un chorrito de aceite de oliva

  • Queso crema o queso rallado

  • Un poco de leche

  • Sal

  • Opcional para adultos: pimienta negra o nuez moscada

Cómo hacerla:

Corta la calabaza y la cebolla y cocínalas hasta que estén tiernas. Puedes hacerlo al horno, al vapor o en una cazuela.

Tritúralas con un poco de leche y el queso hasta conseguir una salsa cremosa. Ajusta la cantidad de leche según la textura que prefieras.

Cuece la pasta, mezcla con la salsa caliente y termina con un poco de queso por encima.

La salsa se puede dejar preparada con antelación e incluso congelar en porciones.

El día que la necesites solo tendrás que cocer la pasta y calentarla.

Ten un pequeño repertorio de cenas de emergencia

No hablamos de emergencias reales.

Hablamos de las ocho y cuarto de la tarde y nadie ha pensado en la cena.

Conviene tener cuatro o cinco soluciones que no requieran decidir demasiado:

Tortilla y tomate.

Crema de verduras y tostadas.

Hummus, pan y verduras.

Pasta con una salsa que tengas congelada.

Quesadillas.

Huevos revueltos con algo que haya por la nevera.

No hace falta que aparezcan en ningún libro de cocina.

Solo que os gusten y funcionen.

El congelador también forma parte del menú

En diciembre, tener dos o tres comidas preparadas en el congelador puede valer oro.

Una crema.

Una salsa.

Un guiso de legumbres.

Croquetas o hamburguesas vegetales caseras.

Una lasaña.

No necesitas llenar ocho cajones con recipientes perfectamente etiquetados.

Con que haya un par de opciones para esos días en los que todo se tuerce, ya has ganado.

Y deja también sitio para improvisar

Organizar el menú no significa decidir el día 1 exactamente qué vais a cenar el día 19.

Puedes planificar cuatro o cinco días y dejar alguno abierto.

Puedes intercambiar comidas.

Puedes decidir que hoy no cocinas.

Y si una tarde acabáis cenando bocadillos en el sofá mientras veis una película de Navidad, probablemente tampoco haya ocurrido ninguna tragedia nutricional.

Menos decisiones, más diciembre

En Nido de Papel tenemos un planificador de Menús y Batch Cooking precisamente para esto: sacar de la cabeza la pregunta diaria de qué comemos, organizar la compra y aprovechar mejor lo que ya vas a cocinar.

Pero la herramienta importa menos que la idea.

No necesitas cocinar muchísimo un domingo.

No necesitas preparar treinta recetas diferentes.

Y desde luego no necesitas que cada comida de diciembre sea especial.

Las comidas especiales ya tendrán sus días.

Para todos los demás, intenta ponértelo fácil.

Porque entre luces, regalos, festivales, trabajo, vacaciones y planes familiares, bastante tiene diciembre.

Y sí.

Diciembre también tiene martes. Y los martes también hay que cenar.

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